Capítulo II

-¿Te das cuenta de lo que has hecho, Sage?

-Lo siento, padre, pero tenía que ayudarles.

-Has desequilibrado todo.

-Por lo menos podrías darme el pésame, ¿no?

-¿Por qué? Alégrate de que no te destierre.

-Damon Salvatore era mi amigo. Creo que era el único amigo que he tenido desde que me convertí en vampiro.

-Damon Salvatore no está muerto.

-¿Cómo que no? Su hermano y las encantadoras Elena y Bonnie le vieron morir. Cayó en tu trampa.

-Es demasiado importante como para dejarle morir. Además, lo que hizo fue un acto muy noble y la última prueba a pasar para demostrar que sí era él el elegido.

-¿De qué demonios estás hablando?

-No jures, Sage. Damon es, según la profecía, el elegido para destruir el vampirismo de la Tierra y de las Dimensiones Oscuras. Sólo así, el mundo volverá a ser como era y las almas de los malvados serán mías, en vez de andar por ahí eternamente.

-¿Me estás diciendo que Damon es una especie de Jesús vampírico? ¿Algo así como un libertador?

-Algo así. Nació en la fecha exacta en la que cierto profeta dijo que nacería. El vigésimo cuarto día del mes de las flores después de 1487 años del nacimiento del profeta creador del cristianismo en el país de César. No tengo que traducírtelo, ¿verdad?

-Pero, ¿cómo sabes que es él? En esa fecha nacerían muchos niños.

-En Italia no tantos. Y ninguno tiene la media luna que tiene tu amigo en el hombro izquierdo. Su madre era una bruja, y él heredó esos poderes. Por eso siempre ha sido el vampiro más poderoso del mundo. El único problema que ha tenido en su vida, y que probablemente seguirá teniendo, es que tiene la lengua demasiado larga.

-Y, ¿Damon lo sabe?

-No tiene ni idea. Y así tiene que seguir, porque él odia ser humano y, si se entera, no hará lo que tiene que hacer. Y tú no se lo dirás, por la cuenta que te tiene. Y ahora ve a por él, si no estoy equivocado, se ha despertado ya.

-Pero, ¿cómo?

-Cuando la joven Elena destruyó ese árbol, destruyó también la bola estrella de esa kitsune, de la cual, durante todo este tiempo, ha estado cayendo encima del cuerpo del muchacho todo el Poder que esta contenía. Gotita a gotita.

Mon die, tiene que estar completamente desorientado.

-Por eso te digo que vayas a buscarle y que te lo lleves a Fell’s Church.

-¿Por qué allí?

-Porque en estos momentos es el sitio más mágico de todo el planeta. Y el más seguro para él.

-Y es ahí donde tiene que hacerlo, ¿no?

-Sí, cuando llegue el momento. Además, estoy seguro que querrá quedarse ahí, ya que la bella Elena está esperando un hijo suyo.

-¿Elena está embarazada de mon petit tyran?

-Sí. Y no le digas nada. Se lo tiene que decir ella. Y vete ya de una vez, antes de que se marche de donde estaba el árbol y tengas que estar buscándole por todas partes.

-De acuerdo, padre. Adieu.

                                                                        ~~~~~~~~~~

Cuando Sage llegó a la luna del Árbol (o lo que quedaba de ella), la ceniza seguía cayendo, y, tras mucho andar, se encontró con Damon Salvatore, sentado en el suelo, con los brazos alrededor de las piernas y la cabeza apoyada en ellas. Estaba completamente lleno de ceniza y no parecía importarle. Realmente debía estar muy perdido para darse tal situación.

Mon petit tyran -le llamó Sage.Damon levantó la cabeza y le miró con sus ojos negros como una noche sin luna.

-¿Me conoces? ¿Sabes quién soy y lo que hago aquí?

-¿No recuerdas nada?

-No lo sé. Estoy muy confundido. Siento que alguien me llama, debe de estar muy lejos, porque apenas lo capto. Pero no sé quién es ni por qué me necesita. Sólo sé su nombre: Elena.

Vaya” pensó Sage “están tan compenetrados como si fuesen… ¡Son Almas Gemelas! ¿Por qué no me he dado cuenta antes? Y mira todo el Poder que emana de él. Jamás ha tenido tanto y ya tenía demasiado.”

-Es normal -le dijo- que estés confundido. Y ya que tenemos prisa, te haré un resumen para que se te aclaren las ideas y vuelvas a ser tú, d’acordé? -Damon respondió asintiendo con la cabeza- Tu nombre es Damon Salvatore, eres vampiro desde 1511, tu creadora era Katherine, quien os convirtió a ti y a tu hermano, os matasteis mutuamente por ella y volvisteis como vampiros. Naciste el 24 de mayo de 1487, por lo tanto tienes 24 años para siempre. Hace un año, más o menos, fuiste a Fell’s Church siguiendo a Stefan (tu hermano) y te enamoraste de Elena (la cual te tiene que dar una noticia) y te volviste a pelear con tu hermano por ella. Tras una larga historia, que no hay tiempo para contar, acabasteis tú, tu hermano, Elena y Bonnie aquí. Y, por salvar a la menuda Bonnie, un enorme árbol que había aquí (mágico, claro) te clavó una estaca en el corazón. Y te moriste. Pero ahora has vuelto. Y, poco a poco irás recordando, espero.

-Sí, ya me acuerdo de todo, Sage -respondió Damon con su sonrisa de 250 kilovatios, aunque enseguida la hizo desaparecer- Supongo que no tendrás ni idea de cómo salir de aquí, ¿verdad?

-Casualmente tengo una llave kitsune.

-Sí, claro. Casualmente. Como si no te conociera -comentó el italiano mientras se levantaba del suelo y se sacudía toda la ceniza de encima.

Oui, nos conocemos demasiado mutuamente.

-¡Qué asco! ¿Se puede saber porque estoy lleno polvo?

-No es polvo, Damon. Son cenizas.

-¿Cenizas? ¿De qué?- a Damon se le cambió la cara por completo. Pasó de tener una de repugnancia por encontrarse sucio a preocupación por no saber qué había hecho para estar lleno de cenizas.- ¿Qué he hecho?

-Tú nada, mon petit tyran. Fue la bella Elena.

-¿Elena? ¿Qué quieres decir con que fue Elena?

-Cuando moriste, ella estaba tan dolida que destruyó al Árbol que te había matado. Ya que en esta luna todo crecía gracias al Árbol…

-¿Elena destruyó la luna por mí? ¿En serio?

-Sí, pero regresemos a la Tierra.

-¿Regresemos?

Oui, te acompañaré para que no les de un infarto a los demás.

-Ya, claro. Supuestamente estoy muerto.

Oui, mon petit tyran, oui.

Y, sacando una pequeña llave zorro, abrió una puerta imaginaria, mientras decía en voz alta, clara y firme:

-Jardín de la Casa de Huéspedes de Fell’s Church, la Tierra.

-Un momento, esa es la llave de Sinichi.

-Sí, así es.

-Y, ¿cómo es que la tienes tú?

-En realidad la tenía Stefan, pero me la dio para que yo pudiera volver aquí.

-Y, ¿qué -preguntó Damon mientras cruzaban la puerta y salían al jardín de la señora Flowers- es lo que me tiene que decir Elena? Ella cree que estoy muerto.

-Y por eso voy a ir yo antes, para allanar el camino.

-Ya, claro. Me quedo aquí hasta que me llames mentalmente.

D’Acordé -tras lo cual se acercó a la puerta de la casa y llamó al timbre.

Fue Stefan quien abrió y le dejó pasar. Por suerte no miró hacia donde estaba su hermano.

-Hola, Stefan. ¿Estáis todos aquí, incluida Elena?

-Sí, pero Elena está acostada, no se encontraba bien.

-Ya, por lo del bebé.

-¿Cómo lo sabes?

-De donde vengo se sabe todo. Hazla bajar de inmediato, pir favor. Tengo algo muy importante que deciros.

En ese momento bajaba Elena tan blanca como la pared.

-Amor, ¿qué te ocurre? Parece que hayas visto un fantasma.

-Está aquí.

-¿Quién? -preguntó Stefan cogiéndole las manos- ¿Quién está aquí? ¿Sinichi?

-¡No! Tu hermano.

-¡¿Qué? Eso es imposible, lo has tenido que soñar.

-He oído un ruido en el jardín, me he asomado a la ventana y, ahí estaba él, con su cazadora, su camisa, sus vaqueros Armani y sus botas negras. Está vivo, no sé cómo, pero está vivo. La premonición de Bonnie no se refería a Sinichi, si no a Damon.

-Espera -la detuvo Sage- ¿a dónde vas?

-¿Cómo que a dónde voy? Voy a donde está él, por supuesto.

-Está bien, déjala, Sage.

Tras decir estas últimas palabras Stefan, Elena abrió la puerta y llegó hasta donde estaba Damon de pie.

-Princesa -la recibió él antes de que Elena le diese un tortazo en la cara.

-No vuelvas a hacerme esto, Damon Salvatore.

-¿Se puede saber qué he hecho yo ahora, Elena?

-¿Te parece poco morirte y dejarme sola y embarazada?

Eso le pilló totalmente desprevenido a Damon.

-¿Embarazada? ¿Cómo que embarazada?

-Sí, y no te atrevas a preguntar si es tuyo, porque si lo haces te va otra en la otra mejilla, para que no tenga envidia.

-¿Del día de la bandeja?

-¿Cuándo si no?

Y, tras esto, Damon la cogió en brazos y la besó larga y profundamente, sin acordarse que todavía estaban en la puerta Stefan y Sage.

                                                                           ~~~~~~~~~

-Stefan -dijo Sage mientras se metían en la casa y dejaban a la pareja fuera-. ¿Puedo hablar contigo?

-Por supuesto que sí, Sage.

-Siento mucho por lo que estás pasando. Sé que quieres a Elena con toda tu alma, pero esto era inevitable.

-Sí, ya sé cómo es mi hermano. No me malinterpretes. Estoy muy contento de que haya vuelto. Es sólo que… bueno, creo que siempre le he tenido un poco de envidia.

-Ya, creo que a mí me pasaría lo mismo. Pero no es que él haya ganado, Stefan. No, bueno, sí, es él quien está ahora con la chica, pero no me refiero a eso. No me había dado cuenta antes, y la verdad que no sé cómo no lo vi.

-¿El qué?

-¿Has oído alguna vez el término “Almas Gemelas“?

-Sí, pero nunca he creído en su existencia.

-Pues créeme. Existe. Y tu hermano y la bella Elena son Almas Gemelas.

-Pero cómo es eso posible. Se llevan 500 años.

-Ha venido bien que sea un vampiro, ¿eh? En serio, Stefan. Sé que es duro para ti. Lo sé, de verdad. Sé lo duro que es estar tan cerca de la persona amada y no poder hacer nada.

-Pero tú eres como Damon. Quiero decir, que eres de muy buen ver, como él: puedes tener a cualquier chica, pues siempre caerán rendidas a tus pies.

-Las damas no son lo mío.

-Oh, ah, vale. Lo siento.

-No pasa nada tranquilo. Pero, por favor, no le digas nada a Damon. Si lo supiese no me dirigiría la palabra, y no creo que… -Sage calló de repente, sorprendido de haber desvelado tanto.

-Es Damon, ¿verdad? -preguntó Stefan dándose cuenta de repente- Es él de quien estás enamorado.

-Sí, pero, por favor, no le digas nada.

-Tu secreto está a salvo conmigo. Tienes suerte de que no se haya dado cuenta. A veces resulta ser demasiado inteligente. Cuando estábamos en Florencia, de niños, él ya sabía hablar perfectamente español y latín. Además del italiano y del inglés, claro.

-¿Latín? ¿Con cuántos años?

-Pues yo tendría unos tres o cuatro años, así que él… unos diez u once. Más o menos.

-Dios mío. Vuestro padre debía de estar muy orgulloso de él.

-Si dices eso es que Damon jamás te ha hablado de él.

-No, la verdad es que nunca me habló de su vida en Italia, siempre ha sido muy reservado con su vida mortal.

-Quería olvidarlo, como hice yo. Sólo que yo olvidé también todo lo bueno que hizo mi hermano por mí. Me he pasado medio milenio llamándole monstruo cuando en realidad lo era yo.

-Yo no diría tanto, Stefan. Bueno, tengo que irme. Pero antes tienes que hacerme un favor. Tienes que avisar a tu hermano. Me han prohibido decírselo a él, pero no a nadie más.

-Sí, dime. Yo se lo haré saber.

-Damon ha vuelto porque la bola estrella, al romperse, su Poder se fue cayendo gotita a gotita encima de él. Mi padre me ha dicho que es el elegido para romper la maldición vampírica. Y no hay nada más, a parte de Elena, que Damon quiera, que ser vampiro. Además que mi padre lo hace sólo para ganarse todas las almas de los vampiros. No puedo permitir eso. Así que, avísale, por favor.

-Descuida, lo haré.

-Muchas gracias y au revoir. Saldré por aquí, que no quiero interrumpirles.

-¡Aaaaaah!